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Instituto Nacional de Estudios de Teatro

El teatro y la Revolución de Mayo

Luego de la Revolución de Mayo, el teatro asumió una postura didáctica y propagandística de los postulados revolucionarios para lograr la adhesión del público a las nuevas ideas y consolidar el nuevo orden político.

En los textos dramáticos de autores locales se denostaba la figura del español, se exponía el discurso revolucionario y se llevaba a escena a los jefes militares y a los triunfos americanos, al ubicar las situaciones dramáticas en el marco de las guerras independentistas, como El 25 de Mayo o El himno de la libertad (1812), de Luis Ambrosio Morante;  El detall de la acción de Maipú, anónima, o La batalla de Tucumán o Defensa y Triunfo del Tucumán por el General Manuel Belgrano (1821), anónima, atribuida también a Morante. Y en los textos de autores españoles, se suprimía toda alusión a España, reemplazando palabras que la aludieran por otras que tuvieran como referente al proceso emancipatorio.

El único edificio teatral de la ciudad de Buenos Aires era el Coliseo Provisional de Comedias,  inaugurado en 1804, que tuvo siempre el carácter de provisional, a la espera de la construcción de su edificio definitivo. Estaba ubicado en la intersección de las actuales calles Reconquista y Perón, frente al Convento de la Merced. Se construyó uniendo dos habitaciones de una casa preexistente, por tanto, las paredes eran de ladrillo y el techo a dos aguas, construido de tejas y cañas. El público se dividía en los bancos de luneta (platea), cazuela destinada a las mujeres, palcos, tertulia alta y baja. La iluminación era por arañas con velas colocadas en desde el frente al fondo del edificio.

La compañía del Coliseo Provisional estaba dirigida por Ramón Aignasse y José Speciali (seudónimo de José Herrero Ramírez). Luego de la Revolución de mayo continuó bajo la dirección de los mismos empresarios, hasta que en 1813 la Policía tomó posesión del mismo, y su Intendente era quien dirigía el teatro y decidía el repertorio. Posteriormente se creó la Sociedad del Buen Gusto del Teatro, que tuvo a su cargo la dirección del Coliseo Provisional de 1817 a 1818. Esta institución estaba formada por intelectuales y funcionarios gubernamentales y su creación profundizó la intencionalidad didáctica del teatro, con el objetivo de convertir al teatro en un medio de difusión de las nuevas ideas. Tenía la función de seleccionar el repertorio y censurar las obras existentes en el archivo del teatro, al hacerlo rechazaba a la cultura hispánica dominante anteriormente y buscaba imponer un nuevo modelo estético, el neoclasicismo francés, y las ideas de la ilustración. La Sociedad del Bueno Gusto del Teatro se proponía “promover la mejora de nuestras exhibiciones teatrales, procurando se den obras originales, se traduzcan las mejores extranjeras y se reformen algunas antiguas, para que el teatro sea escuela de las costumbres, vehículo de ilustración y órgano de la política” (El Censor, 31/7/1817). Así, no solo ejerció la censura sino también la adecuación de los textos dramáticos, mediante la práctica de la “refundición”: la adaptación o el agregado de algunas palabras para transformar viejos textos en obras afines al ideario revolucionario.

El Coliseo Provisional contaba con una platea espaciosa, alejada del escenario, en cuyo centro se encontraba el apuntador, al cual muchas veces se lo escuchaba tanto como a los actores. En un comienzo, el alumbrado de la sala se realizaba mediante velas de sebo y más tarde con aceite; la iluminación del escenario consistía en una fila de candilejas ubicada en el borde del proscenio. En la platea no se admitían mujeres, quienes permanecían el la cazuela o galería. El teatro estaba abierto todo el año, los días de representación eran los jueves y domingos y en el período de Cuaresma solo se permitía la ejecución de obras musicales.

Una representación estaba compuesta por varias partes, generalmente tres partes. Junto con la obra principal (una tragedia o comedia culta) se podía incluir una pieza musical (una tonadilla) o un recitado de versos (obras poéticas de tono heroico o patriótico, que podía estar a cargo de uno de los actores principales de la compañía) o una pieza breve cómica (un entremés o sainete). Los mismos actores del elenco del Coliseo participaban de las 3 partes.

La compañía del Coliseo estaba organizada sobre la base de roles fijos y jerárquicos como primer galán, primera dama, etc. a los que se sumaban el maestro de música y los roles técnicos de apuntador, tramoyista. Como en el teatro español, se denominaba “autor” al que hacía de jefe de la compañía. En 1811 el elenco estaba formado por Josefa Ocampos, Joaquín Ramírez, Luis Ambrosio Morante, Juan Diez, Ana Rodríguez Campomanes, Juan Antonio Viera. Al inicio de este período, sus empresarios eran Juan B. Zelaya y Juan B. Segismundo y la dirección del teatro y de la compañía estuvo a cargo de Juan Diez, y a partir de la intervención de la Policía, quien le alquiló el teatro a sus empresarios, fue dirigida por Luis Ambrosio Morante. Luego de la disolución de la Sociedad del Buen Gusto, en 1818 los empresarios Juan B. Zelaya y Juan B. Segismundo recuperaron el teatro y nombraron a Santiago Wilde como director del teatro, que en 1819 cerró temporalmente por problemas financieros y de entendimiento entre ambos socios.